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¿Más
Leña Al Fuego?
Una inquietante decisión judicial para los Partidos Políticos en la
Argentina
Por el Prof. Jorge Marcelo D’Agostino
El
fallo de Servini de Cubria, es una solución coyuntural que desprotege y
debilita el sistema republicano, trayendo una respuesta requerida por la
inmediatez, tenue y extremadamente peligrosa para la vida de los partidos y a
mi criterio absolutamente inconstitucional. * A pesar de las enormes
dificultades, la Argentina permanece dentro del sistema democrático. * ¿Fueron
los partidos políticos de la Argentina los que consiguieron mantener en pie
el sistema en esos aciagos días del verano
2001/2002?
Las
instituciones no deben hacer el trabajo de la naturaleza.
Introducción
La
República Argentina, el 10 de diciembre de 1983, vuelve al sistema democrático,
no sin advertir que las consecuencias de una atroz dictadura de siete años
(1976-1983) dejaría heridas profundas que
necesitan de un largo proceso para curar. La soberanía del pueblo, se
juntó con una deuda externa que condicionó al Gobierno de la Unión Civica
Radical y entonces, la calidad en la defensa de las libertades, contrastó con
las equivocaciones producidas en el manejo de la economía. Alfonsín debió
dejar seis meses antes el gobierno, sumido en conflictos sociales de dudoso
origen, donde los mercados tuvieron mucho que ver.
El
pueblo argentino, que recién despertaba de la oscura noche de la dictadura,
soportó este primer embate y vio orgulloso
como después de 50 años, un presidente democrático, entregaba a otro
presidente democrático el gobierno.
En
1989 Carlos Menem asume con un discurso populista de “revolución productiva
“y “salariazo” . Dos años
después, en 1991, comienza la denominada “reforma del estado” con la Ley
de Convertibilidad, que definió el valor del peso argentino en relación al dólar,
en una paridad 1=1.
Las
leyes que permitieron la privatización en el manejo de los servicios públicos,
teñidas de sospechas de corrupción y sin organismos de control que
fiscalizaran las nuevas medidas, provocaron una descomunal concentración económica,
con fuga de capitales y aumento de la deuda externa. La fuerza central del
trabajo, fue sustituida por las rentas financieras. La desocupación fue
creciendo del 6.7 % en 1988, al 17 %; La
reducción del aparato productivo, dependiendo peligrosamente del sistema
financiero y la ley de convertibilidad sin contener la caída de la producción,
dieron como resultado la receción que comenzó
en 1998 y trajo la crisis económica mas profunda y sin presentes en la
historia nacional.
Los
grandes rascacielos de Buenos Aires, se juntaban con las Villas de desnutridos,
desocupados y marginalidad. La dolorosa exclusión social, vista como
resultado de las políticas del menemismo, dio oxigeno a la Unión Cívica
Radical, que junto con otro partido el Frente para un País Solidario, (FREPASO)
formaron la Alianza para el Trabajo, la Salud
y la Educación, provocando un crecimiento en la esperanza colectiva al
ganar las elecciones legislativas de 1997 y luego la Presidencia en 1999, con
un discurso de centroizquierda, pero con enormes ambigüedades en sus
respuestas sobre economía.
Las
acciones dubitativas del Poder Ejecutivo, el regreso de sospechas de corrupción
en el senado, la renuncia del vicepresidente y la falta absoluta de concertación
para la resolución de los problemas, le quitaron rápidamente legitimidad al
Presidente De la Rua, que no encontró respuestas a los reclamos sociales, que
le pedían que gobierne.
No
pudo contener ni a su partido, la Unión Cívica Radical,
luego de la designación de Domingo Cavallo como Ministro de Economía,
que ya había estado en épocas de la dictadura y fue quién puso en
movimiento la convertibilidad con el menemismo.
Mas
de 200 mil millones de deuda externa, 20 por ciento de desocupación, sin
seguridad ciudadana, y la pobreza creciendo al lado de 3.5 millones de km2
productivos, enojó a un pueblo que reclamaba igualdad.
Primero
un golpe en el corazón de la clase media con el aumento de impuestos, y luego
la decisión de congelar la disponibilidad de los depósitos bancarios, para
contener el vaciamiento del sistema financiero, fueron suficiente para que se
inauguraran los “cacerolazos” en las calles de Buenos Aires, que
extendidos a todos el país, provocaron una movilización social, que termino
el 21 de diciembre de 2001, con represión de la Policía Federal en Plaza de
Mayo, mas de 20 muertos y la renuncia de De la Rúa.
El
sistema democrático, volvía a ponerse a prueba, con una situación que parecía
incontrolable. En los setenta, la misma secuencia, terminaba con un golpe de
estado. En el 2001, funcionó la ley de acefalía y el mecanismo trabajó para
sostener la institucionalidad.
Podemos
estar conformes con eso?. Creo que No.
Debemos
continuar trabajando para la consolidación del sistema democrático y
entiendo que una parte de ése trabajo, está en procurar la mayor solidez de
los partidos políticos.
La
sentencia que permite al Partido Justicialista, presentarse a las elecciones
con tres candidatos, en mi opinión, conspira en esta delicada situación, e
impide una mayor consolidación de los partidos
a)
Información Previa
1)
En su sentencia, del 22 de abril de 1987, ( Fallo 310:819), la Corte Suprema
de Justicia de la Nación dijo, entre otras consideraciones que los partidos
políticos son necesarios para el
desenvolvimiento de la democracia representativa; para reflejar los intereses
y opiniones de los ciudadanos; para actuar como intermediarios entre el
gobierno y las fuerzas sociales y para preseleccionar a quienes nos deben
gobernar, en relación
al pedido de Antonio Jesús Ríos, ciudadano de la provincia de Corrientes,
que solicitaba a la Justicia Federal la oficialización de su candidatura a
Diputado Nacional por el Distrito Corrientes, agraviándose del monopolio de
los partidos para la presentación de candidatos.
2)
En 1994, los partidos políticos, ingresaron a la Constitución Argentina como
“instituciones fundamentales del sistema democrático” de acuerdo al Art.
38. La creación y el ejercicio
de sus actividades son libres y se garantiza su organización, funcionamiento
democrático, la representación de las minorías, la competencia para la
postulación de candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la
información pública, la difusión de sus ideas y el Estado contribuye al
sostenimiento económico de sus actividades y de la capacitación de sus
dirigentes. Los partidos tienen la obligación de dar a publicidad el origen y
destino de sus fondos y patrimonios. Orientación seguida con líneas
similares en constituciones de América Latina:
3)
La ley argentina, en efecto, le asigna a los partidos políticos el monopolio
para la presentación de candidatos, aunque este concepto se encuentra hoy en
crisis, al reprochársele a los partidos la falta de preocupación en el último
tiempo para la búsqueda de soluciones a los problemas sociales y económicos
que aquejan al país. Hay una importante aunque mínima doctrina nacional, que
postula quebrar el monopolio partidario de las candidaturas electorales,
nacida a finales de los ochenta (Carlos Fayt, Mario J. López, Spota Alberto
A.).
Como
dato relevante, menciono que a partir de 1985, algunas provincias incorporaron
en sus constituciones el monopolio partidario para la postulación de
candidatos
4)
Hasta el 10 de febrero de 2003, todos los partidos políticos de la argentina,
disputaban sus diferencias internas en primarias, cerradas sólo para
afiliados unos, y la gran mayoría
con habilitación a todos los ciudadanos para que voten en la preselección de
sus candidatos a presidente de la Nación, como para otras candidaturas.
Cada
partido, el día de la elección
general, competía con una sola lista de candidatos a Presidente y
Vicepresidente de la Nación
5)
Los partidos, para ser tenidos como tales, deben presentar a la Justicia
Electoral una declaración de principios, su carta orgánica, su nombre y en
cada elección su plataforma electoral
6)
No existe mas el control ideológico de los partidos políticos, previsto en
legislación anterior, en cuanto se les exigía, contemplar el régimen democrático,
representativo republicano y federal, junto a los principios y fines de la
Constitución Nacional.
Con
este contexto, advierto claramente, que el programa constitucional y judicial
de la República Argentina, contempla a los partidos, como canalizadores de
ideas ciudadanas, que frente a la poderosa fuerza centrífuga de las tensiones
sociales, permite mantener la armonía en el corazón de la democracia,
estableciendo reglas de participación y de respeto, que concluyen con la
elección de representantes. De ésta manera se intenta proteger los elementos
del sistema y se permite el funcionamiento libre y legítimo
de las relaciones de poder
dentro del gobierno.
7)
La solución dentro del sistema: A pesar de las enormes dificultades,
la Argentina permanece dentro del sistema democrático. Antes con mucho menos
de la mitad del peligro sufrido por los argentinos a finales de 2001, la
dictadura tomaba forma y las garantías eran eliminadas, dando paso al
perverso camino de la violación a los derechos humanos.
El
2002, trajo tantos presidentes como días hábiles de la semana, en un fin de
año doloroso, regado de sangre y muerte, sin embargo, no se quebró la
democracia que practicamos de manera contínua y por primera vez por mas de
veinte años consecutivos.
¿Fueron
los partidos políticos de la Argentina los que consiguieron mantener en pie
el sistema en esos aciagos días del verano
2001/2002 ?.
No
puedo afirmar categóricamente eso, porque principalmente es el pueblo el que
no quiere volver atrás, sus asambleas populares participando activamente y
sus movimientos de trabajadores, reafirman diariamente su sentimiento democrático.
Nadie quiere volver atrás
De
manera que no tienen los partidos políticos la autoría exclusiva de que la
Nación haya sobrellevado esos tormentosos momentos. Pero sí puedo decir que
poco favor se le hace a la democracia, cuando se ataca a los partidos políticos,
deporte mediático en la Argentina por estos tiempos, aunque las agrupaciones
partidarias y especialmente los que han obtenido mayorías en las dos últimas
décadas, no han hecho nada para evitar muchas de las justificadas críticas a
su funcionamiento anacrónico y vacío de contenido.
b)
Febrero de 2003
Y
asi llega febrero de 2003, cuando la justicia argentina,
ratificó que no habrá elecciones internas en el Partido Justicialista
que hoy preside el gobierno nacional, con una sentencia a mi criterio, de argumentos ambiguos que sienta un precedente que no le
hace bien al sistema de partidos, aunque, paradójicamente, en los
considerandos del fallo se mencione que la intención es su protección y
respeto.
El
11 de ese mes, la Juez Federal María Servini de Cubría,
con competencia electoral autorizó al justicialismo a que no dirima la
candidatura a Presidente de la Nación por vía de internas, habilitándolo a
formar frentes electorales para que cada candidato se presente en la elección
general prevista para el próximo 27 de abril de 2003 y compita por la
presidencia de la Nación, por separado de los otros candidatos del mismo
partido, formando cada uno alianzas con
otros partidos y sin que puedan
reunir sus votos con los de la lista que ocupe el primer lugar.
En
el argumento central se sostiene que el partido no puede ir con tres
candidatos, pero “no existiría impedimento legal para que un partido político
pudiera integrar tres alianzas electorales distintas, pues al conformarse la
misma, el partido pierde su identidad para transformarse en una entidad de carácter
transitorio – Alianza-“(sic)
Luego,
la Juez, resalta que “... el Congreso Nacional (justicialista) ha resuelto
dividir el caudal de votos de su partido e impedir la participación directa
del Partido Justicialista como tal, en la elección nacional, pues la única
posibilidad de participación que tendrán, es a través de la conformación
de estas Alianzas Electorales “.
En
la Argentina, se ha denominado este sistema, como de “neolemas”, a mi
criterio erróneamente. A casi
todos los participantes de la contienda electoral, parece convenirle esta
decisión. A la mayoría de los candidatos del Justicialismo, con excepción
de Menem, porque ellos mismos pedían separar las candidaturas y esa fue la
decisión del Congreso Partidario la semana anterior al fallo.
A
la oposición, porque quiere ver al peronismo dividido y débil, de manera que
las voces que se escucharon reprochando la solución judicial a la contienda
justicialista fueron pocas y el pueblo, intentando flotar en este maremoto
socioeconómico, poco puede intervenir en estas cuestiones y es espectador de
la agenda de la dirigencia política y espera el 27 de abril.
En
este contexto es muy poco lo que se puede discutir sobre las necesidades de
mantener los instrumentos para la perdurabilidad de la democracia en la
Argentina porque las urgencias impiden visualizar las importancias.
c)
Instrumentos de la República
En
la Argentina, aunque inorgánicamente, desde mediados del S XIX, con los
“Provincianos” de Urquiza y los “Liberales Porteños” de Rosas, los
partidos políticos han sido la materia prima indispensable para el
fortalecimiento del sistema republicano. Por que?
porque los partidos funcionan como mediadores entre la
sociedad civil y el Estado. En democracias incipientes, se torna
indispensable cimentar el sistema y se debe evitar que el árbol impida ver el
bosque.
El
fallo de Servini de Cubría es coyuntural que desprotege y debilita el sistema
republicano, dando una respuesta sólo requerida por la inmediatez, tenue y
extremadamente peligrosa para la vida de los partidos y a mi criterio
absolutamente inconstitucional.
Los
partidos políticos son indispensables para el funcionamiento de las
democracias liberales y en esa línea
de análisis (Loewenstein) debemos respondernos que ese lazo que une la
democracia con los partidos políticos, es la columna vertebral del equilibrio
social.
Los
partidos, con sus cartas orgánicas, sus plataformas electorales, sus
principios y sus declaraciones de fe, armonizan la diversidad, para que la
ideología no sea materia prima del caos.
Con
partidos políticos orgánicos, democráticos y fuertes, la democracia, tendrá
aceitados sus mecanismos de representación para que el gobierno sea cubierto
por órganos con poder materializado en la selección de sus representantes
por las vías democráticas. En ése sentido, debemos contar también, con la legitimidad de
origen, a la que el tiempo,
la confianza pública y los buenos hechos en el gobierno darán paso a la legitimidad
de ejercicio.
Hoy
la legitimidad de origen se desmerece en la Argentina, en virtud de las
exigencias requeridas en la arena política por estos días. Con más del
veinte por ciento de desocupación a nivel nacional con picos de hasta el
cuarenta por ciento en algunas zonas, otrora florecientes cinturones
industriales, ¿quién puede pensar que la población desairada por políticas
de exclusión, puede ponerse a esperar de la clase dirigente que “construya
su legitimidad”? Estoy convencido que deben las propias instituciones de la
democracia, articular los mecanismos necesarios para que la estructura del
sistema republicano no se debilite.
Aunque
debo destacar, a raíz de los
resultados en las elecciones del 14 de octubre de 2001, que hay una fuerte
corriente de opinión, que ha revalorizado la legitimidad
de ejercicio
como aspiración casi
necesaria. Aquel día votó un setenta por ciento del padrón electoral, del
cual más del veinte por ciento fueron votos nulos y
en blanco, con evidente
objetivo de llamar la atención a la aparentemente imperturbable “clase política” y muy especialmente, por
la ilusión en el gobierno de
Fernando De la Rua, que se quebró a pocos días de llegar a la oficina del
presidente. La falta de respuestas inmediatas de un gobierno con objetivos
ambiguos, en un clima de desempleo e inseguridad, generaron protestas sociales
incontenibles que provocaron su renuncia.
El
proceso se aceleró y se acrecentaron a lo largo y ancho del país los nuevos
movimientos sociales que dieron nacimiento al reclamo popular “que se vayan
todos”.-
¿Pero,
pueden los poderes del estado, sumarse a un reclamo anárquico, aclamado no
como un deseo, sino sólo como expresión de reproche? Es una pregunta de
perogrullo, con respuesta automática. Por supuesto que no.
No
debió haberse permitido entonces, a
raíz de la necesidad de una coyuntura, que el Partido Justicialista
se divida. Esto sienta un precedente tan fuerte que ya ha dado paso al
pedido de la misma solución, en
diferentes distritos electorales de la República (en Entre Ríos, un
candidato justicialistas, anticipó que pedirá la aceptación de neolemas
para las elecciones a gobernador de la provincia, sin fecha definida todavía).
Con
independencia de las valoraciones políticas en cuanto a los éxitos o
fracasos de los diferentes gobiernos y la manera en que desarrollaron sus políticas
públicas, repasemos la orientación de la voluntad popular desde 1983:
Raúl Alfonsín (Unión Cívica Radical) se impuso en las
presidenciales del regreso a la democracia en 1983, en épocas de elección
indirecta, reuniendo junto con el Partido Justicialista (Italo Luder) el 90%
de las voluntades.
Seis
años mas tarde Carlos Menem (PJ) obtuvo su primer presidencia y en esa elección,
sumados a los votos de Eduardo Angeloz (UCR) se continuó con la misma
tendencia.
La
reforma constitucional de 1994 incorporó la elección directa y segunda
vuelta. En las presidenciales de 1995 apareció una nueva fuerza compuesta por
Frente Grande y País Solidario, nacida
de divisiones en el justicialismo, provenientes de su ala izquierda y
denominada, Frente para un País
Solidario, y otra vez, el noventa por ciento de los votos se concentraba en el
PJ (Menem), UCR (Masachessi) y FREPASO (Bordon). No fue necesario el ballotage,
por haber el PJ, superado el 45%.
En
estos antecedentes, cada
Presidente inició su gestión fuertemente legitimado En ninguno de estos
casos, la legitimidad presidencial de origen podía ser discutida.
Luego, cada gobierno se fortaleció o debilitó
por sus acciones, que
fueron sometidas a consideración popular a través del tiempo.
Rosendo
Fraga, politólogo argentino, resalta que es la primera vez en la historia que
tan pocos dias de una elección general para presidente, los candidatos
obtengan preferencias tan magras en los sondeos. De los cinco candidatos con
mas chances, ninguno supera los 18 puntos y cualquiera de ellos puede pasar a
segunda vuelta. Con esta perspectiva, es una certeza que habrá segunda vuelta,
prevista por la Constitución para cuando nadie supere el 45% de los
votos o con menos, tampoco obtenga una diferencia de 10 puntos sobre el
segundo.
En
este marco, me animo a decir que se nos presenta una segunda certeza: El
futuro presidente de los argentinos, no obtendrá en la primera vuelta mas del
25% de las voluntades y atendiendo a la particular manera de protestar que
inauguró el votante el 14 de octubre de 2001, con cataratas de votos nulos y
blancos y una gran ausencia a pesar de la obligatoriedad del voto, puede que
en la segunda vuelta, tampoco el ganador logre mas de la mitad de voluntades
del padrón electoral.
Puedo
añadir como un elemento más de dificultad,
para el Presidente que
asume en mayo, la actual composición del Congreso Nacional elegido en 2001 y
que será renovado en diciembre.
d)
La gobernabilidad
Es
obvio, entonces, que preocupe la gobernabilidad con este panorama y es por eso
que esperamos mayor consolidación de los partidos políticos. Es
necesario advertir a esta altura, que la decisión de la justicia electoral
argentina, pudo haber venido como un buen balde de agua fría para la alta
temperatura en la que se encontraba la interna del partido justicialista.
Pero
insisto, si éste es un argumento válido, entonces se trata de un
justificativo de coyuntura que no se dirige a consolidar una Política de
Estado, en las decisiones referidas a los partidos.
Desde
1854, los partidos políticos nacen, se
extinguen, se fusionan y se dividen, dentro de un sistema que plantea reglas,
vinculadas con la dinámica propia de los partidos, con reglas que procuran
evitar la dispersión, permitiendo que a través de la democracia interna,
se diriman sus cuestiones metodólogicas
o de forma.
Si
hay diferencias profundas, se debe producir el cisma y permitir la aparición
de un nuevo partido, que deberá establecer, sus principios, su carta orgánica,
su plataforma, y obtener adhesiones suficientes para que la justicia electoral
lo habilite a participar en las elecciones, donde debe revalidar con los votos
su permanencia en el sistema de partidos.
La
sentencia en crítica aquí, destaca paradojalmente, un caso histórico donde
la solución se dio siguiendo las reglas y dice: “ Históricamente no se han
registrado antecedentes similares. Si bien suele mencionarse
a modo de comparación, que en la elección nacional llevada a cabo el
23 de febrero de 1958, la Unión Cívica Radical se presentó con dos fórmulas
de candidatos a Presidente y Vicepresidente de la Nación, cabe destacar, sólo
a modo de mayor abundamiento que en aquella oportunidad una fracción del
partido UCR se dividió, abrió su registro de afiliados y solicitó su
personeria e inscripción ante la justicia electoral. Lo hizo con el nombre de
Partido Unión Cívica Radical, de ese modo a partir del 15 de febrero de 1957
coexistieron dos agrupaciones independientes entre si, que se disputaron la
legitimidad y consecuentemente el derecho a utilizar la denominación Unión Cívica
Radical. Intervino la Justicia Electoral e impuso a ambas agrupaciones la
obligatoriedad del uso de un aditamento en virtud de lo dispuesto en el
estatuto de los Partidos Políticos vigente en ese momento. Finalmente en la
Elección Nacional se presentaron dos
partidos políticos distintos
con sus respectivas fórmulas Unión Cívica Radical “del pueblo” y
Unión Cívica Radical “intransigente”. No creo que esto parezca una
ecuación muy difícil de cumplir y debe ser siempre la receta clásica para
mantener el control institucional y fortalecer el sistema de partidos.
e)
El Trabajo de la Naturaleza
Es
suficiente conque sea la propia realidad la que modifique las estructuras
partidarias, fragmentándolos, pero como resultado de las luchas ideológicas.
Las instituciones no deben hacer el trabajo de la naturaleza.
Acompaño
el análisis de Torcuato Di Tella, cuando piensa el Futuro de los Partidos Políticos
de la Argentina (1997) y nos dice que nuestro país ha tenido por mucho tiempo
una fuerte organización de grupos corporativos (asociaciones empresarias,
sindicales, profesionales, ruralistas, Iglesia, Fuerzas Armadas) como es
habitual en los países mas desarrollados del mundo, pero ha tenido un muy
peculiar sistema de partidos. Veo cierta,
esta peculiaridad resaltada por el académico. Recordemos el impacto de
los grandes movimientos, que han
ha tenido profunda penetración en la voluntad popular: el “ Yrigoyenismo”
con la UCR (1916/1930) y el “ Peronismo”.
La
aparición del peronismo en la década del cuarenta, produjo corrimientos
ideológicos debido a la integración heterogénea de su intelectualidad. Y
aun hoy, sigue dominando la vida política nacional, “por izquierdas y
derechas”.
La
Unión Cívica Radical, no ha sabido darle un rumbo preciso a sus
postulaciones, salvo brevísimos interregnos
en la historia reciente. Y la izquierda sigue dispersa, con su permanente búsqueda
de la “ unidad de la izquierda argentina”.
Entonces,
en la realidad política argentina, nos encontramos con un sistema de partidos
donde en su dinámica carece de:
a)
Una derecha fuerte, con postulados claros y precisos
b)
Un partido de centro, que se mantenga en la vida electoral de manera
continua y estable
c)
Un lugar de contención de las ideas socialdemócratas,
Con
este esquema, pienso que las decisiones judiciales no deben ayudar a la diáspora.
Creo que esta sentencia tiene que abrir un camino de debate sobre la necesidad
del fortalecimiento de los partidos políticos, siendo contradictores de
quienes levantan las banderas del “fin de las ideologías” exigiendo que
se mantenga la discusión con datos de la realidad, porque hasta ahora, esa
teoría no tiene respaldo en los hechos, al menos en la Argentina.
Cuando
se está al borde del quebranto, el mas mínimo movimiento contribuye al
desborde definitivo de las situaciones. Entonces es primordialmente el Estado,
con sus acciones el que debe equilibrar, con miras a no “aumentar el cántaro”.
f)
Por que se llama sistema? Conclusión
Dentro
del funcionamiento del complejo aparato necesario para mantener la armonía
social, se necesitan de “sistemas”, esto es, un conjunto de elementos que
trabajen sinérgicamente en función del todo, para mantener la República en
democracia. Se trata de una muy
fuerte cadena, donde sus eslabones con fuerza coordinada, están destinados a
mantener los valores fundamentales de la humanidad. En los sistemas
parlamentarios, se puede ver con claridad el buen funcionamiento de varios
partidos, aunque no formen mayoría absoluta ninguno de ellos,
sin embargo las reglas permiten el equilibrio.
En
los sistemas presidenciales, es diferente, porque aún sin obtener un fuerte
porcentaje de votos en una primera vuelta, se hace casi imprescindible para
gobernar con legitimidad de origen, un caudal electoral definido desde la
primer expresión de la voluntad popular. Como ejemplo, traigo la última
elección de Brasil, donde Lula, sin obtener la mayoría para evitar la
segunda vuelta, consolidó un excelente 46 por ciento, que ratificó en exceso
en el ballotage
Para
valorar con mayor precisión lo antedicho, tengo que subrayar el pensamiento
de Arturo Valenzuela y a Jonathan
Hartlyn en “La democracia en América Latina desde 1930”, donde después
de realizar un exhaustivo análisis del comportamiento de los partidos políticos,
se detienen en Chile, Colombia Uruguay, Venezuela, Costa Rica, Brasil, Perú y
Argentina, destacando la
necesaria estabilidad y número de partidos políticos, para la consolidación
de la democracia en América Latina.
Y
agregan: “La experiencia de los ocho países en estudio, induce a pensar que
en los sistemas presidenciales, la democracia tiene mucho mas probabilidades
de funcionar bien, allí, donde el sistema de partidos estable, gire en torno
a dos partidos o dos partidos y medio, Chile es una excepción parcial. A la
inversa, los países donde la lealtad a los partidos fluctúa, donde los
sistemas de partidos son incipientes y la volatilidad electoral es mayor,
parecen tener menos probabilidades de consolidar la democracia, mientras nos
acercamos al final del período actual”
Aspiro
con enorme esperanza, que en la Argentina del S XXI, donde se ha demostrado ya,
la madurez para hacer valer las reglas democráticas después de las duras
experiencias del 2001, a partir de ahora, los lazos dentro del sistema se
fortalezcan y no se conjeture como suficiente, haber superado las
contingencias políticas que nos trajeron varios cambios presidenciales en
pocos días.
La
cadena de la democracia esta funcionando, pero los eslabones se cortan si uno
tira lo suficiente.
*****
Bibliografía
sugerida
1)
www.georgetown.edu/pdba
Comparación de constituciones con regímenes presidenciales.
Partidos Políticos y Sistemas
Electorales
2)
Constitución de la Nación Argentina, comentada y anotada.
María A. Gelli. La Ley 2000.
3)
www.clarin.com Opinión
de Rosendo Fraga Feb. 13 de 2003
4)
El origen de los Partidos Políticos en América
Latina, Manuel Alcantara Saez, Universidad de Salamanca, 2001
5)
El futuro de los Partidos Políticos en la Argentina,
Torcuato S. Di Tella, Revista de la CEPAL, 1997, publicado en www.educ.ar
6)
La democracia en América Latina desde 1930, de Arturo
Valenzuela y Jonathan Hartlyn, en Historia de América Latina, Política y
Sociedad desde 1930 Tomo 12. Crítica, 1997.
7)
www.csjn.gov.ar ,
Fallos Jurisprudenciales, . Tomo 310 – Pg. 819
8)
Fallo del 11 de febrero de 2003, en la causa: Menem, Carlos Saúl y Otro
s/Presentación", Exte. N" 707/03, del registro de causas de esta
Secretaría Electoral, Juzgado Federal, a cargo de la Dra. Maria Servini de
Cubria. Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Si desea copia, solicítelo por
e-mail a jmd58@georgetown.edu
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